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“No sufran por mí”

Capellán Hermann Lange a sus hermanos

Hamburg, 10 de noviembre de 1943

Querida Ángela, querida María, querido Hans!

Soy el primero de nosotros cinco hermanos, en  devolver mi vida a las manos de Dios. Yo sé que también a Ustedes les golpeará esta prueba. No depende de mí cambiar algo en esta situación. Sólo puedo pedirles una cosa: Sean fuertes y busquen su fuerza en Aquél que hasta en el extremo dolor nos da las últimas fuerzas. Sería  equivocado “petrificarse” en el dolor. “En todas las pruebas difíciles es Dios quien nos visita para llevarnos consigo, El, que es principio y fin de todo. Por eso, en la desgracia debemos cesar de hablar con nosotros mismos, porque eso sólo causa obsesiones (…), más bien hablemos con Dios, porque El es siempre más grande que nuestro corazón y lo  conoce todo.” Quiero amarrarles al alma estas palabras, tomadas de un hermoso folleto que leí hace poco. Pueden ayudarles mucho. Les doy las gracias por todo el amor que me regalaron y les pido que todo este amor lo pongan ahora en el papá y la mamá. Esta es la tarea que les dejo, preocuparse de que estén contentos. No sufran por mí, porque me voy a la tierra donde no hay lágrimas!  Y les pido también que lleven una intensa vida interior, fuerte en la fe, la esperanza y la caridad, de manera que un día, cuando llegue la hora, nos encontremos unidos en lo alto! [...]

Acabo de comerme la última manzana y la herida de mi pierna está casi sana gracias a la pomada!!!

Bien, reciban mi último saludo! Todo lo que poseo de capacidad de amar lo pongo en este saludo. No estén tristes de que yo ya no vuelva a estar con Ustedes – desde lo alto estaré siempre junto a Ustedes.

Hans, dale también a Päule mis cariñosos saludos! Con profundo amor fraterno los abrazo a todos. Su

Hermann

 

Traducción: Sr. Ursula O.S.U., Santiago, Chile